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En Sinaloa, la experiencia ejecutiva entra en la ecuación de Morena

>> En Sinaloa, “el poder” entra en la ecuación de Morena*

*En Sinaloa, Morena comienza a medir quién realmente puede*

 

En una contienda con más de una decena de perfiles, la definición interna comienza a medir algo más que conocimiento de nombre: capacidad de gobierno, operación territorial y experiencia frente a escenarios de crisis.

 

Para Morena, Sinaloa difícilmente será una definición ordinaria rumbo a 2027. El desgaste político, la seguridad y las tensiones internas han colocado al estado entre los puntos de mayor atención para el oficialismo. En ese contexto, la discusión comienza a desplazarse de quién tiene mayor exposición pública hacia una pregunta más compleja: quién tiene capacidad para gobernar y operar desde el primer día.

 

Es ahí donde el perfil de Gerardo Vargas Landeros adquiere una dimensión distinta dentro del proceso.

 

Su trayectoria reúne experiencias que pocas veces coinciden en un mismo aspirante: fue diputado federal, participó en temas de seguridad pública en la Cámara de Diputados, encabezó durante seis años la Secretaría General de Gobierno de Sinaloa y posteriormente gobernó Ahome. Ganó la presidencia municipal en 2021 y volvió a obtener el respaldo electoral para reelegirse en 2024.

 

No es un perfil construido exclusivamente desde el Congreso ni desde la administración central. Ha pasado por el gobierno federal legislativo, la coordinación política estatal y la gestión municipal. En un estado con problemas que exigen interlocución permanente entre municipios, Federación, fuerzas de seguridad y sectores productivos, esa combinación comienza a tener un peso específico.

 

El contraste en materia de percepción de seguridad también obliga a observar con mayor detenimiento lo ocurrido en el norte del estado. En septiembre de 2025, meses después de la salida de Vargas de la alcaldía, Los Mochis registró una percepción de inseguridad de 19.2%; Culiacán alcanzó 88.3%, de acuerdo con los datos de la ENSU. El dato, por sí mismo, no puede atribuirse a una sola persona ni establece causalidad, pero sí refleja trayectorias institucionales marcadamente distintas dentro de una misma entidad.

 

Vargas tampoco es un político sin historia ni flancos. Su origen político y los conflictos que ha enfrentado forman parte inevitable de su expediente. Ignorarlo convertiría cualquier análisis en propaganda. Pero una evaluación igualmente objetiva tendría que incorporar otro elemento: pese al desgaste y a la confrontación política, mantuvo presencia, capacidad electoral y volvió a colocarse en una definición estatal de Morena.

 

Ese factor puede resultar relevante para la dirigencia nacional.

 

En Sinaloa, la candidatura no solamente tendrá que competir. Tendrá que reconstruir coordinación política, acompañar la estrategia federal de seguridad, dialogar con agricultores, empresarios y sectores productivos, y evitar que las diferencias internas terminen debilitando territorialmente al movimiento.

 

Hay perfiles con mayor cercanía a determinados grupos. Otros cuentan con mayor exposición legislativa o mediática. El expediente de Gerardo Vargas juega en una categoría diferente: experiencia ejecutiva, seguridad, gobierno y territorio.

 

Las encuestas tendrán la última palabra. Pero si en la decisión nacional se incorporan variables de gobernabilidad, capacidad operativa y experiencia para administrar escenarios de presión, pocos de los perfiles hoy registrados concentran esas condiciones en un mismo expediente.

 

Y en el Sinaloa de hoy, esa diferencia puede terminar pesando mucho más que una fotografía, un discurso o el conocimiento de nombre.

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